Lucía se puso tensa, su sonrisa desvaneciéndose. "No... no entiendo", balbuceó.

Y con eso, Alejandro se inclinó hacia adelante, su rostro a centímetros del de Lucía.

Alejandro la miró fijamente, su rostro sin expresión. "La venganza es dulce, Lucía. Y yo soy el rey de la venganza".

Lucía sacudió la cabeza, su rostro pálido.

Alejandro se acercó a ella, su rostro impasible. "Sabes exactamente por qué estoy aquí, Lucía", dijo, su voz baja y amenazante.

La habitación quedó en silencio durante un momento, solo se escuchaba el sonido de la respiración agitada de Alejandro.